|
Testimonio
Dadnos la Palabra
|

|
|
ESPERANZA
fuerza de Dios en la vida
Mañana para República Dominicana, después de dos años sin ver a mi esposo y a mis hijos; después de muchos días de aguantar y de resistir; de muchas noches llorando y soñando con ellos.
Parece que en mí la ESPERANZA ha sido grabada a fuego. Vine soñando un futuro para mis hijos, un alivio para mi familia. Tuve suerte, porque pude venir con papeles en un contingente acordado entre los gobiernos de España y de mi país. |
Cuando me enteré de que existía esa posibilidad, la ESPERANZA hizo que lo comentara a mi marido. César, en un principio, acogió la idea con entusiasmo; después, conforme me iban aceptando la documentación, me decía que lo pensara bien: él y yo sabíamos que nos íbamos a extrañar, pero nunca nos imaginábamos cuánto.
Mis dos hijos, de cuatro y seis años, no comprendían muy bien lo que pasaba. Pero mis padres y mis hermanos sí, pues ya habían pasado por la dolorosa partida de un hermano para acá y otra hermana para Estados Unidos. No me animaban mucho, yo misma no estaba segura de que la decisión fuera la correcta.
Pero cuando me quedé sin trabajo en la oficina y pasé muchas noches sin dormir; cuando vendía lo que fuera para sacar algún extra y pensaba en mis hijos, entonces, sí, supe que tenía que venirme. ESPERANZA, esa fuerza de Dios que alienta a buscar salidas, me fue movilizando.
|
|
Llegué a una casa en Pontevedra que luego supe era de unas Misioneras, todas ellas muy lindas y buenas. Pero el cambio fue muy duro: el clima, el lenguaje, las costumbres, la comida, el dinero y la eterna y pesada soledad. Esos días duros de profunda tristeza hicieron mella en mí: me sentía desolada y frágil, desprotegida y vacía, desorientada y sola. Muy sola. Todos los días llamaba a mi marido y a mis hijos. Todos los días el alma se me quebraba un poquito.
He conocido a gente que me ha ayudado, que me ha tendido la mano, gente que me ha escuchado y con la que he compartido el dolor de estar lejos de mi tierra.
|
|
.
Raiña da Paz Pontevedra |
|
Y en medio de ese desierto, ESPERANZA me alentaba: un día los volvería a ver, un día mi familia estaría mejor, esto es pasajero, resiste, Dorka, resiste ... Mis hijos hacían salir de mí la fuerza que yo no tenía.
Un día y otro. Cuidando a un enfermo de Alzheimer, día y noche. Muchas noches las he pasado muy mal: durmiendo poco, porque el señor se levantaba; teniendo mucha paciencia, que ignoraba poseer y que brotaba en medio de mi dolor; viviendo su vida y no la mía. Teniendo conflictos, problemas de relación, y sufriendo malentendidos.
ESPERANZA, esa fuerza activa de Dios, me enseñó a defender mis derechos, a poner cotas a mi intimidad, a alzar la voz ... aunque muchas veces tenía que callar por los papeles. ¡Dos años! Se dicen pronto, pero se viven mal.
Ahora marcho a encontrarme con los míos. El corazón me estalla de alegría, pero sé que no encontraré allá, ni de regreso aquí, un paraíso.
En República Dominicana veré a mis padres, ¿cuándo podré regresar otra vez y volverlos a abrazar? ¿Será la despedida? ¿Cuándo volveré a ver a mis hermanos y sobrinos?
Traeré a mi esposo y a mis hijos. Nuevamente surgen en mí interrogantes sobre ellos, por su futuro: Cesar, mi marido, ¿encontrará pronto trabajo?, ¿nos alcanzará con lo que gano para ir tirando? Mis hijos, ¿se integrarán en la escuela?, ¿sentirán racismo entre sus compañeros? ¿Me reprocharán algún día haberlos separado de sus abuelos y del resto de la familia?
|
|
.
República Dominicana |
En este futuro que se abre prometedor, pero no fácil, nuevamente le pido a ESPERANZA que tome el mando de mi corazón y no deje de guiarme.
ESPERANZA tiene nombre de mujer
Dorkaline Cuevas Pérez
DESCARGAR EN FORMATO WORD

|
|
|