En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, en el año 1920, en la meditación del Reino, vio plasmados sus ideales de trabajar con todas su fuerzas por la unión y extensión del Reino de Cristo y concibió una Congregación religiosa como “una cruzada de amor en torno a la Iglesia”.
El 16 de junio de 1925, Nazaria salió de las Hermanitas, para iniciar la fundación de la nueva Congregación. Y El 12 de febrero de 1927, se declaró erigida canónicamente la Congregación religiosa diocesana de las Hermanas Misioneras de la Cruzada Pontificia. El día 9 de junio de 1947, ya muerta Nazaria Ignacia, el Instituto recibió la aprobación definitiva de las Constituciones y el nombre de Misioneras Cruzadas de la Iglesia.
Según las Constituciones, escritas por la Madre Nazaria Ignacia, “El Instituto de las Misioneras de la Cruzada Pontificia, tiende a realizar la acción social de la mujer”. La Madre dirá también: “En amar, obedecer y cooperar con la Iglesia en su obra de predicar el Evangelio a toda criatura, está nuestra vida, el ser lo que somos”.
“Este es nuestro espíritu: guerrero, fiel, nada de cobardías, todos amores, amor sobre todo a Cristo y en Cristo a todos. Repartirse entre los pobres, animar a los tristes, dar la mano a los caídos; enseñar a los hijos del pueblo, partir su pan con ellos, en fin, dar toda su vida, su ser entero por Cristo, la Iglesia y las almas”
Nazaria Ignacia muere en Buenos Aires-Argentina el 6 de julio de 1943, dejando gran fama de santidad. Fue Beatificada por S.S. Juan Pablo II en Roma, el 27 de Septiembre de 1992 y proclamada su fiesta el 6 de julio de cada año.
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